Domingo de almuerzo árabe con derecho a visita de emergencia al Mercado Municipal de Sao Paulo, uno de los lugares más pintorescos de esta ciudad. Nada planeado, por eso un corre corre tremendo. Mi linda hermana me acompaña en la locura y a pesar de corta, tenemos, de nuevo, una de las experiencias sensoriales más ricas de la metrópolis: un universo infinito de aromas, colores y sonidos que embriagan y enamoran. El descubrimiento de ingredientes alucinantes como el misk (o almizcle, piedritas de una resina vegetal, nada animal, tan olorosa como cara) y el agua de azahares (en portugués, água de flor de laranjeira) hacen que el desespero de la prisa valga la pena. El calor y la luz linda del día aceptan de buen agrado este almuerzo tardío, muy tardío, que se une al comienzo de la noche y brinda una vez más al acto indescriptible que es cocinar por placer y para gente querida.
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| cuscús explotando en colores |
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| mi quibe |
Y adelante las recetas.